Acné en el rostro

Por qué se produce, si influye la alimentación y por qué tratarlo a tiempo evita cicatrices y manchas.

¿Qué es el acné?

El acné es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, muy común, que compromete áreas con mayor cantidad de folículos pilosebáceos (rostro, pecho, espalda), principalmente en adolescentes, generando el acné vulgar, que es el subtipo más frecuente.

¿Por qué se produce?

El acné se inicia cuando las glándulas sebáceas de la piel son estimuladas hormonalmente, produciendo una oleosidad en mayor cantidad y químicamente distinta, en pacientes genéticamente susceptibles. Además, existe una alteración a la salida del conducto de estas glándulas que lleva a su obstrucción. Ambos hechos hacen que se comiencen a llenar la glándula y su conducto, llevando en algunos casos a su ruptura e inflamación posterior. Finalmente, esta acumulación excesiva de sebo puede sobreinfectarse, generando lesiones mayores y pustulosas.

¿Cuáles son sus causas?

Las causas no están totalmente esclarecidas. En el caso de los adolescentes hay una predisposición genética en conjunto con el inicio de la producción hormonal de la pubertad. En la mujer adulta pueden haber disturbios hormonales responsables del acné, tales como tumores y ovarios poliquísticos. Existen casos donde el uso de productos faciales no adecuados lleva a una obstrucción de las glándulas sebáceas, desencadenando el proceso.

¿Influye la alimentación en el acné?

Actualmente se ha podido establecer cierta relación con las alimentaciones muy ricas en hidratos de carbono de rápida absorción, tales como los contenidos en chocolates, manjares, dulces y pasteles, entre otros, que llevan al organismo a trabajar con mayores niveles de insulina de forma permanente, y por esta vía, indirectamente, se estimularía el desarrollo de acné en algunos casos.

¿Es necesario el tratamiento?

Si bien el acné no es una enfermedad potencialmente fatal o grave en términos generales, el gran problema radica en las consecuencias que puede tener en la apariencia de quien lo presenta. El riesgo de desarrollar cicatrices y manchas es muy alto, siendo en muchos casos causa de baja autoestima y dificultad en el normal desarrollo y socialización, principalmente en adolescentes. Es por ello que es importante realizar el tratamiento de forma oportuna para evitar las secuelas físicas y psicológicas asociadas.

¿Cómo se trata?

El arsenal terapéutico actualmente disponible es bastante amplio. Pueden utilizarse numerosos productos, pero la base del tratamiento radica en el control de la producción de sebo de las glándulas sebáceas, desobstruir sus conductos, desinflamar las lesiones activas y controlar la infección generalmente asociada. Por ello, lo fundamental radica en la adecuada combinación de productos, que variará según cada paciente en particular, pudiendo utilizarse tratamientos tópicos (aplicados directamente sobre la piel), sistémicos (ingeridos) o procedimientos asociados, tales como desobstrucción, peelings, entre otros. En definitiva, el manejo de los pacientes debe ser muy individualizado, dinámico, y requerirá perseverancia en el tiempo para obtener los resultados esperados.

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