Enrojecimiento, ardor y arañitas vasculares: cómo se manifiesta, qué la desencadena y por qué sí tiene tratamiento.
¿Qué es la rosácea?
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la cara que se caracteriza por el enrojecimiento, ardor y molestias asociadas en la zona central del rostro, principalmente en los sectores de los pómulos y la nariz, de forma intermitente y asociada a ciertos estímulos.
¿En quiénes es más frecuente?
En Chile se trata de un cuadro clínico bastante frecuente, debido a la importante migración europea en el pasado y también al clima frío y seco en gran parte del país. En general comienza en la tercera década (pudiendo ser un poco antes también), llegando a su máxima frecuencia entre la 5ª y 6ª décadas de vida, siendo más frecuente en mujeres y en personas de piel clara.
¿Cómo se manifiesta?
Su comienzo es de forma insidiosa, generalmente con una leve exacerbación de la rubicundez facial que existía frente a algún estímulo previamente. Posteriormente, comienza a haber leve enrojecimiento y ardor en las zonas de nariz y pómulos de forma más prolongada frente a estímulos cada vez menores. Gradualmente este enrojecimiento y molestias empiezan a hacerse más persistentes e intensas, dando paso en el tiempo a las “arañitas vasculares” en dichas áreas.
También pueden ir agregándose granitos rojos mayores (pápulas) y pústulas, fruto de una inflamación cada vez mayor y persistente. En algunos casos estas lesiones pueden juntarse generando grandes molestias. Existen algunos casos, principalmente en hombres, donde zonas como la nariz, mentón o entrecejo aumentan de volumen tomando un aspecto “de morrón”, llamadas formas fimatosas.
¿Por qué se produce?
Es una enfermedad en que existen varios elementos en conjunción. En primer lugar, los capilares —los vasos sanguíneos más pequeños y superficiales de la piel— presentan una sensibilidad genéticamente determinada frente a determinados estímulos. Producto de la acción de estos últimos, las paredes de los capilares se dilatan por un tiempo variable, dando el aspecto enrojecido al rostro, para luego volver a su diámetro original. Cuando este fenómeno se repite de forma crónica, los capilares pierden finalmente la capacidad de retornar a la normalidad, lo que clínicamente se manifiesta como enrojecimiento persistente y aparición de las arañas vasculares.
Además, puede generarse una inflamación alrededor de los capilares, que puede hacerse más profunda, generando las pápulas (granitos rojos sobreelevados), indicando mayor severidad de la enfermedad. Finalmente, se agregan algunos factores infecciosos, tales como la presencia de Demodex foliculorum, un ácaro que habitualmente reside en la piel, pero que en este tipo de pacientes prolifera abundantemente generando aún más inflamación. De todas formas, estas son solo algunas nociones de lo que ocurre, pues aún quedan muchas interrogantes y líneas de investigación en la actualidad.
¿Cuáles son los estímulos más asociados a los brotes?
- Exposición solar
- Calor o frío muy intenso, o cambios bruscos de temperatura
- Alimentos muy condimentados o calóricos
- Líquidos muy calientes
- Medicamentos (corticoides, agentes vasodilatadores)
- Corticoides tópicos
- Tabaco y alcohol
- Ansiedad y estrés
¿La rosácea tiene tratamiento?
Desde luego que SÍ. Existen algunos mitos versados en la misma Internet, donde malas experiencias se transforman en aseveraciones categóricas en relación contraria. Es muy importante tener presente que de todas formas es un tratamiento que requiere de tiempo, perseverancia y que es muy dinámico, pues el rostro irá cambiando de acuerdo a la respuesta en particular, por lo cual son necesarios controles cada cierto tiempo.
Las medidas específicas son individualizadas caso a caso, debido a la intensidad del cuadro y características de la piel de cada paciente. Existen productos específicos de limpieza, protección solar, cremas médicas específicas, remedios orales y tecnología aplicada, siendo muchas veces necesaria la combinación entre estas distintas medidas para un resultado exitoso.
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